Archivo de la categoría "Alienados"

Alienados [brindar por los vencidos]

Domingo, 6 de Septiembre de 2009

Demasiados abrazos en la hoguera del frío, demasiado de todo en un mundo vacío, demasiadas promesas en corrientes de aire, demasiadas urgencias para nada importante. Demasiada violencia donde juegan los niños, demasiadas sonrisas en terreno baldío, demasiada injusticia atracándote el sueño, demasiada esperanza en la línea de fuego. Hoy levanto el corazón pa’ brindar por los vencidos; me gustaría cambiar los errores repetidos. Cargué en alguna ocasión y en más de una canción con los que no fueron míos. Hoy levanto el corazón pa’ descorchar el amor y bebérmelo contigo.

Demasiado trabajo para poco salario, demasiada miseria en la cola del paro, demasiadas verdades para tantos engaños, demasiados cristales en la fila del baño. Demasiadas farolas para tan pocas luces, demasiada movida en calle del cruce, demasiada cordura para tanto desastre, demasiada tristeza en la puerta del baile. Hoy levanto el corazón pa’ brindar por los vencidos; me gustaría cambiar los errores repetidos. Cargué en alguna ocasión y en más de una canción con los que no fueron míos. Hoy levanto el corazón
pa’ descorchar el amor y bebérmelo contigo.

Rosana - Demasiado

Alienados [algo personal]

Lunes, 22 de Junio de 2009

Probablemente en su pueblo se les recordará como cachorros de buenas personas, que hurtaban flores para regalar a su mamá y daban de comer a las palomas. Probablemente que todo eso debe ser verdad, aunque es más turbio cómo y de qué manera llegaron esos individuos a ser lo que son ni a quién sirven cuando alzan las banderas. Hombres de paja que usan la colonia y el honor para ocultar oscuras intenciones: tienen doble vida, son sicarios del mal. Entre esos tipos y yo hay algo personal. Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad, viajan de incógnito en autos blindados a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad, a colgar en las escuelas su retrato. Se gastan más de lo que tienen en coleccionar espías, listas negras y arsenales; resulta bochornoso verles fanfarronear a ver quién es el que la tiene más grande. Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz, juegan con cosas que no tienen repuesto y la culpa es del otro si algo les sale mal. Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Y como quien en la cosa, nada tiene que perder. Pulsan la alarma y rompen las promesas y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer nos ponen la pistola en la cabeza. Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar van a cagar a casa de otra gente y experimentan nuevos métodos de masacrar, sofisticados y a la vez convincentes. No conocen ni a su padre cuando pierden el control, ni recuerdan que en el mundo hay niños. Nos niegan a todos el pan y la sal. Entre esos tipos y yo hay algo personal. Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión de declarar públicamente su empeño en propiciar un diálogo de franca distensión que les permita hallar un marco previo que garantice unas premisas mínimas que faciliten crear los resortes que impulsen un punto de partida sólido y capaz de este a oeste y de sur a norte, donde establecer las bases de un tratado de amistad que contribuya a poner los cimientos de una plataforma donde edificar un hermoso futuro de amor y paz.

Joan Manuel Serrat - Algo personal

Alienados [el llanto]

Miércoles, 10 de Diciembre de 2008

No lloro por ti. No lloro por ti. Lloro por las nubes que son de un blanco imposible y aquí abajo nada es puro, todo es feo y tan horrible. No lloro por ti. No lloro por ti. Lloro por las hojas que se caen en el otoño, ni las miras al pisarlas. ¡Qué pena! ¡Qué abandono!

No lloro por ti. No lloro por ti. Lloro por los perros que abandonan en la calle, lo que sienten, lo que sufren, nadie lo sabe. No lloro por ti. No lloro por ti. Lloro por lo mucho que quería este momento, y aquí estás tú de rodillas… y me importas un pimiento.

Alienados [los novios]

Domingo, 30 de Noviembre de 2008

Miles de jóvenes se arremolinan aún a diario ante las puertas de juzgados e iglesias, como lo hace ese rebaño de ovejas que luchan entre ellas por ser las primeras en entrar al corral. Y sorprende ver cómo la mayoría lo hacen –¡aún!− ante las iglesias, esos habitáculos de cortar-pegar que, con una cruz por corona y frutos de arrozal en el suelo, se muestran tétricos en decoración y vacíos del espíritu que publicitan y venden a precio de polvo dorado. Imágenes y vidas para un más allá, ofertado en caros fascículos y con un fin de colección que se antoja fenomenal: el pedacito de cielo que compartir −¡¿por siempre?!− con oveja y con pareja. Porque se conoce que el amor es para siempre, ¿amén?

Y el maldito día de autos llama la atención: los engañados se visten de gala y contagian tal enfermedad a propios y a extraños. Todo animal que haya osado pasar por la vida de uno de los condenados –mostrando un mínimo de cariño– será penalizado con un caro día de visa, capa y bombín que se olvidará con rapidez y por siempre, con la única excepción de la abuela materna que viva para verlo y llorarlo. Porque del festín nada queda, aparte del registro digital en forma de imágenes que los protagonistas misteriosamente no se dignan a encestar en el contenedor más cercano; o el recuerdo de aquellas tres frases empalagosas que quien parecía ser un gran aliado buscó infantilmente en internet para no tropezar al leer en el corral ante todos haciéndose pasar por un Becquer que quiere hacer llorar con un folio a su joven amiga de blanco.

Y luego comerán. Y más tarde viajarán. Abandonarán la tierra que les vio nacer y lo harán, sin darse cuenta, como símbolo de escape, de huida y de arrepentimiento disfrazado; porque tras caer hay que huir. Y se acostumbra a hacer en avión, a una famosa isla de cartón piedra y con la misión de contar llantos con los que ahogar las penas de la alienación social y empresarial nacida de la fusión de dos empresas ovinas que engañaron a sus propios corazones para privarles de la libertad que siempre han anhelado y que un día creyeron eterna.

Cuando se acabe el crédito social, volverán sonrientes y se amarán hasta que se odien. Entonces, sólo entonces, el dios que les invitó a mentir, se encogerá de hombros. Y vuelta a empezar. Vuelta a una naturaleza real abrigada por la cruel ciudad, ese cementerio de farolas intermitentes donde parece que víctimas y cómplices viven mejor cercados por las normas convencionales y privados del alma que un día vendieron a la sociedad y a sus costumbres.

Alienados [la vista atrás]

Viernes, 14 de Noviembre de 2008

Y asumiendo cuanto vivo y escribo, declaro que me declaro culpable. Culpable de todo lo que no hice, de todo lo que no he visto ni oído, de las palabras que no dije a tiempo y de las otras que nunca aprendí. Me preocupé por cosas que jamás sucedieron y pasé gran parte de mi vida en sitios equivocados, en horas equivocadas, con gente equivocada. Declaro que llegué tarde a todas las citas, que no estuve nunca antes en ninguna parte, que encontré la primavera florecida, la tierra repartida y el cielo prometido. Que todo lo que tengo es menos de lo que me falta; que lo que creía no lo creí después, y que cometí el peor de los errores: soñar en un mundo de pesadillas.

Declaro también que no hay nada más cierto que nuestro pasar por la vida, ni nada más falso que nuestra vida al pasar. Que es feliz aquel que no quiere nada, que no sabe nada, que no se pregunta nada y que no se da cuenta de nada. Que de una mano temblorosa puede caerse el amor que hay en ella, que todo lo que no se da no se acumula, se pierde. Que todos somos al fin y al cabo esclavos de algún vicio o de alguna virtud. Que he sido fiel solamente a mis dudas y que el hombre más libre que conocí iba atado al corazón de una mujer. Gian Franco Pagliaro

Alienados [el viejo]

Viernes, 3 de Octubre de 2008

La imagen más intensa que siempre conservé de aquel domingo indeseable fue la del viejo, sentado solo en un taburete en el centro del patio. Lo habían puesto ahí pensando que era el sitio de honor, y los invitados tropezaban con él, lo confundían con otro, lo cambiaban de lugar para que no estorbara, y él movía la cabeza nevada hacia todos los lados con una expresión errática de ciego demasiado reciente, contestando pregunta que no eran para él y respondiendo saludos fugaces que nadie le hacía, feliz en su cerco de olvido, con la camisa acartonada de engrudo y el bastón de guayacán que le habían comprado para la fiesta. Gabriel García Márquez

Alienados [el hogar]

Jueves, 4 de Septiembre de 2008

Hogar, hogar… Unos pocos cuartitos, superpoblados por un hombre, una mujer periódicamente embarazada, y una turbamulta de niños y niñas de todas las edades. Sin aire, sin espacio, una prisión no esterilizada; oscuridad, enfermedades y malos olores. El hogar era tan mezquino psíquica como físicamente. Psíquicamente era una conejera, un estercolero, lleno de fricciones a causa de la vida en común, hediondo a fuerza de emociones. ¡Cuántas intimidades asfixiantes, cuán peligrosas, insanas y obscenas relacones entre los miembros del grupo familiar! Como una maniática, la madre se preocupaba constantemente por los hijos, sus hijos…, se preocupaba por ellos como una gata de sus crías; pero como una gata que supiera hablar, una gata que supiera decir: «Nene mío, nene mío» una y otra vez. «Nene mío, y, ¡oh, oh, en mi pecho, sus manitas, su hambre, y ese placer mortal e indecible! Hasta que al fin mi niño duerme, mi niño se ha dormido con una gota de blanca leche en la comisura de sus labios. Mi hijito duerme…»

El mundo estaba lleno de padres y, por consiguiente, lleno de miserias; lleno de madres y, por consiguiente, de todas las formas de perversión, desde el sadismo hasta la castidad; lleno de hermanos, hermanas, tíos, tías y, por ende, lleno de locura y de suicidios. Madres y padres, hermanos y hermanas. Pero había también maridos, mujeres, amantes. Había también monogamia y romanticismo. Exclusivismo en todo, en todo una concentración del interés, una estrecha canalización del impulso y la energía… Cuando lo cierto es que todo el mundo pertenece a todo el mundo.

No es exraño que aquellos pobres premodernos estuviesen locos y fuesen desdichados y miserables. Su mundo no les permitía tomar las cosas con calma, no les permitía ser juiciosos, virtuosos, felices. Con madres y amantes, con prohibiciones para cuya obediencia no habrían sido condicionados, con las tentaciones y los remordimientos solitarios, con todas las enfermedades y el dolor eternamente aislante, no es de extrañar que sintieran intensamente las cosas y sintiéndolas así, y, peor aún, en soledad, en un aislamiento individual sin esperanza, ¿cómo podían ser unos seres estables? Interventor Mustafá Mond (Un mundo feliz, Aldus Huxley)

Alienados [perdón por existir]

Domingo, 31 de Agosto de 2008

[…]
Y empiezo a pedir así: Por las cosas que siento y por aquellas que odio sentir, por mi mala cabeza, porque mi calavera, ella no dejará de reír, por las lunas nuevas, por las cosas revueltas que dan vueltas dentro de mí, por seis años de penas y por cosas que ni tan siquiera me atrevo a decir. Perdón por mis pies siempre fríos, por la noche pasada, y por la otra, y por aquella también. Perdón por el Gran Sinsentido, por querer comprenderlo y, sobretodo, por no comprender… Perdón.

[…]
Y yo le oigo rezar así: “Perdón por existir.” Y amablemente invito a una copa a Dodó, y él me cuenta que incluso los perros se ponen tristes después de eyacular. Y acabamos agarrados en La Sed Mortal, y yo puedo jurar que no hay un ser más culpable que yo, ni lo habrá, sobre la tierra. Y por dos mil años de cristiandad; por tener la osadía de alimentarme y de respirar; por los superdotados, por el hombre tripudo y por la liberación sexual, por el circo italiano, por el viejo que agita una servilleta al hablar y me jura y me perjura que en ella ha resuelto el misterio de la Santísima Trinidad. Perdón por la gente moderna, porque corro el peligro de mirarla y perder la razón. ¡Perdón, por el amor de Dios!, por la gran decadencia de una vida pidiendo perdón. Perdón, perdón por los cuatro elementos, por la tierra y el agua y el fuego y la polución. Perdón, perdón por todos mis lamentos, por Dodó y, en fin, hoy pido por esta canción. Perdón. Y os miro a los labios, y a todos oigo pedir perdón por existir. Nacho Vegas


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