De birras con el superagente Mortadelo

Poco podía imaginar Francisco Ibáñez el día que trazó a mano alzada los primeros esbozos de un par de calvos, que esos dos personajes bidimensionales iban a erigirse en símbolos y leyendas del cómic mundial. El año 1958, concretamente en el número 1.394 de la revista Pulgarcito, nacían Mortadelo y Filemón. Y ese fue precisamente el año en que nació Benito Pocino, el hombre que décadas más tarde encarnaría al superagente Mortadelo en La gran aventura de Mortadelo y Filemón (2003), la primera aventura de los torpes agentes en la gran pantalla.

Eran poco más de las ocho de la tarde y allí se encontraba un servidor, sentado en un banco frente a la central de Correos de la Vía Layetana de Barcelona, esperando al superagente Mortadelo con el fin de compartir unas birras entre preguntas e historietas divertidas. Tardó en llegar, y lo hizo debido a la necesidad de comprarse unas nuevas gafas. La noche anterior se le habían roto las de siempre y se vio obligado a desplazarse al Corte Inglés para adquirir unas nuevas al módico precio de 35 euros. Y ante tal explicación, ya de camino al bar, el que escribe pensaba para sus adentros lo maravilloso de venderle unas gafas al mismísimo Mortadelo. Pensaba en la dependienta que hubiese tenido la suerte de realizar esa venta y no dejaba de reír. A fin de cuentas, venderle unas gafas a Mortadelo es como venderle un billete de tren a Willy Fog, un turbante a Bin laden o un sonajero a Michael Jackson.

Ya en el bar fue fácil descubrir que detrás del superagente Mortadelo se esconde un hombre entrañable, sincero y, sobre todo, divertido hasta la saciedad.

Envuelto de paz y tranquilidad, Benito Pocino pasa sus días en la oficina central de Correos, donde lleva más de seis años desarrollando diferentes funciones. Cuenta que es su enésimo empleo; que ha hecho de todo: ha sido camarero, fotógrafo, trabajador del servicio de limpieza de la ciudad condal y, lógicamente, actor secundario, hasta el día en que Javier Fresser decidió, a última hora, darle el papel protagonista en el debut cinematográfico de los superagentes Mortadelo y Filemón.

Las aficiones de Benito son innumerables. Habla de la fotografía, tema que domina en exceso y en el que reparte sin pausa recomendaciones y trucos, dejando caer que si algún día quiero perfeccionar la técnica, él me enseñará lo necesario. Es también un fervoroso amante de la informática. Anda loco buscando un ordenador portátil similar al de Juanito Oiarzabal; un aparato que, según cuenta, conecta directamente con los satélites para poder así transmitir datos desde esos sitios a los que él sube, más allá del quinto pino. Pero algo similar asegura haber adquirido él hace poco: una cámara de fotos que transmite datos a su portátil por bluethoot, un avance que permite al usuario prescindir de cables o tarjetas. Una maravilla de la ciencia, otra de su aficiones.

Le encanta la ciencia. Colecciona novelas de la materia y asegura haber visto hace poco La Fundación, de Isaac Asimov, al módico precio de un euro. Algo sorprendente, no sólo por el precio, sino por ser ésta la última novela que yo mismo he leído, al precio de 12. En éste ámbito nos narra también aventuras que bien podrían guiar el argumento de las mejores viñetas de Ibáñez, como el experimento del LHC, el acelerador de partículas que pretende recrear las condiciones del Big-Bang. Benito juzga con ahínco tanto sus peligros como su desarrollo y utilidad futura. Una clase magistral en materia y agujeros negros que me llevó a informarme posteriormente del tema tras la tormenta de temor y curiosidad.

Y también viaja. Ama África. Ha visitado varios países del continente y nos muestra con cariño y ternura la foto de su musa. La mujer a quien espera en Barcelona con una curiosa situación: ella es de Dakar, se conocieron allí en una de sus escapadas vacacionales y vendrá a visitarle en breve para pasar aquí tres meses a su lado. Pero, ojo al dato, la musa no sabe quién es Benito. No sabe que es actor. No sabe que es famoso en España y parte de Europa. No sabe que la gente no deja de saludarle y gritarle por la calle cuando pasea. «Le diré que son compañeros de trabajo» espeta ante mis carcajadas, ignorando con la mayor de las inocencias que la situación no podrá alargarse más allá de un par de calles.

Pero así es él. Así es Mortadelo. Así es benito. Honesto, sencillo, educado, curioso, aventurero y una de las personas con la que más puedes sonreir compartiendo birras. Nuestro primer padrino: el superagente Mortadelo. Otro Dios.

7 comentarios sobre “De birras con el superagente Mortadelo”

  1. azkune dijo:

    Que bueno Mortadelo, fue una pena qu no contaran con el para la seungda peli que fue mucho peor que la segunda.
    Edu Soto no lo hizo mal pero es q Mortadelo solo hay uno.

  2. MORTADELILLO dijo:

    MENUDO PERSONAJAZO, DEBE SER MEJOR QUE EL PROPIO PERSONAJE DE COMIC

  3. Sandra dijo:

    Vaya personaje, mortadelo por excelencia…y lo dice la de la camiseta verde…

  4. esteban dijo:

    juasssssss este morta ahi grandisimoooo!!!!!!!!

  5. Enrique Canteras dijo:

    ¡Enhorabuena Benito! Siempre serás el primigenio y genuino Mortadelo, de carne y hueso. El Maestro lo sabe y por eso te galardonó:

    CLIC—> http://kikecanteras2.spaces.live.com/blog/cns!626F9D04FF668484!5250.entry#comment

    Un saludo. Kike, El Cuarto Ojo del Mono(http://kikecanteras2.spaces.live.com).

  6. tomascorremelones dijo:

    Un servidor pronto ira a verte Benito y espero que te hagas una foto conmigo y me firmes un tebeo.Por lo que leo no creo que te niegues hehehe hasta pronto.

  7. esthefany nataly curiel gomez dijo:

    es muy ingenioso ese personaje ya k a ca en mexico no se ve mucho pero esta bn padre

Deje un comentario


  .  .  .  .